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buenas y malas (p)

August 31, 2006

Los tratamientos psiquiátricos a veces resultan. Bajando la dosis de paroxetina se puede encontrar la estabilidad; no todo son las pastillas, les aseguro. Les reproduzco un diálogo. Fue el martes:
—Tomo media pastilla los lunes, martes y viernes.
—¿Y desde hace cuándo?
—Quince días, doctor, como acordamos. Los otros va la entera y a veces si la inquietud me abundo me clavo un clonazepam como para quitarme esas cosas.
—Bien.
—Me preocupa únicamente que voy seguido al baño, a orinar. El fin de semana anterior estuve de viaje. Debí parar tres veces y mear al costado del camino.
—Es bueno, incluso no te asustes, podrías bajar de peso.
—Desde que tomo las pastillas subí como diez kilos.
—Prestá atención. La retención de líquidos no es una casua importante, pero es importante.
—Ajá.

Y hoy:
—No sabés lo que le pasó a X.
—No me asustes, por favor.
—Se le mató una paciente.
—Ay, Di-s.
—Un tiro al corazón. Pero se había retirado de la terapia hacía unos veinte días. X la había querido derivar a un médico, para medicarla.
—La voy a llamar a X.
—No, no lo hagas. Dejá que ella te llame. Será mejor.

frivolidad (p)

June 5, 2006

ayer me puso de muy mal humor haber conectado mal el cable del teléfono. ello impedía que el modem funcionara correctamente y me quedé sin interné hasta que ella me hizo descubrir la pólvora.

En busca de nuevas oportunidades laborales (p)

May 6, 2006

From: J G. Cozzolino
To: XXX@XXX
Date: May 5, 2006 7:34 PM
Subject: Imitación voces
Hola, S. Me comentaron de la búsqueda que están realizando. Trabajo de editor en una editorial y tengo algunos personajes que tal vez puedan interesarte. Obviamente, soy un simple aficionado en esto de inventar voces. Si es de tu interés, decime cómo seguir y cuánto es lo que tiene pensado pagar por ese trabajo. Saludos,
J.

From: XXX@XXX
To: “J G. Cozzolino”
Date: May 5, 2006 9:59 PM
Subject: Re: Imitación voces
Gracias por escribir.
Los personajes que haces son conocidos.

From: J G. Cozzolino
To: XXX@XXX
Date: May 6, 2006 1:34 AM
Subject: Re: Imitación voces
No. No son conocidos. Son inventados. J.

Lindas imágenes (p)

April 26, 2006

Días pasados ella me asiste pidiendomé silencio. Yo me estoy quejando. Hasta apagar la luz leí los últimos ensayos de Bolaño sobre la enfermedad, la muerte. Los leí y releí. Estar afiebrado me daba una mayor empatía con el texto. Después comenzó la acidez. Tenía la tráquea lisa y llanamente hecha un fuego. Hasta que llegó la diarrea. Eso fue primero. Unas diez veces yendo y viniendo. Ya la última, mientras me limpiaba las manos frente al espejo del baño, me vino una arcada. Entonces ella asomó su cara tras correr la puerta. Embocá, por favor, ¿querés?
Está afectada. Jamás vio a un hombre, a una mujer, a un homosexual, a lo que sea, vomitar del modo en que yo vomito. Sucede que no me gusta escupir lo que es mío por esas vías y cuando me sobrevienen las arcadas lo primero que hago es resistirme, igual a como se resiste un obsesivo compulsivo de su propia obsesión. Y la resistencia no hace más que fabricar gigantes. Y mis vómitos son gigantes. Tengo una boca grande, es verdad, pero la circunferencia de mis vómitos es sencillamente inaudita. Puedo tener hundida la cabeza en el inodoro que igual pinto sus paredes internas con esa mierda amarilla que largo por la boca. La primera vez que ella me vio haciendoló lo hizo cuando yo ya culminaba. Escuchó mis gritos, se acercó temblando y vio que por debajo de la puerta del baño avanzaba una sopa espesa, como de vitina.

Escuchando radio mientras corrijo (p)

April 25, 2006

Perfume del amor, té hindú y la llave azteca: el kit mágico de la salud, del dinero y del amor.
“Yo les digo a todos que vengan al Club del Éxito y adquieran este kit”, dice una señora. Después viene un tipo con voz centroamericana.
Gallo 274, piso no sé cuánto, es donde se lo puede conseguir.
(Voy a escribir a la ligera, como si me dictaran, lo que dice el gurú éste… Bueno, un segundo, porque sigue promocionando esas mierdas que venden, el kit.)
Ahora sí:
“Club del Éxito Internacional, pude ser atendido por el hermano Juan Diego Veracruz, que está respondiendo a su llamado. Reciba el té hindú, la llave azteca y el perfume del amor, y verá usted los resultados positivos.”
Llama un tipo de Chubut: Dice que su vida cambió rotundamente, que se fue a un depto que heredó de su madre, que se fue ahí porque no tenía otro lugar. Dice que la madre murió en circunstancias catastróficas, que la hallaron muerta tras 5 días de su reviente. Y que el tipo fue al depto a vivir y empezó a perder el cabello y las ganas de trabajar. Hasta que llegó un amigo y le dijo sintonizá el Club del Éxito Internacional. Dice que llamó, que ordenó el kit mágico, que le llegó a los dos días, y que desde hace 12 o 13 días empezó a notar los cambios, le creció el cabello y recuperó las ganas de vivir y trabajar. “Cada vez tengo más trabajo y quería recomendarles a ustedes que vayan al Club del Éxito Internacional y que adquieran el kit mágico porque es verdaderamente mágico lo que hace.”
Vuelve el tipo: “Testimonios reales, los que usted escucha, hermano. Comuníquese con nosotros” a tal número. “Con su nombre y fecha de nacimiento puede reservar por teléfono el kit mágico”.
Una tipa llama: “Hoy me encuentro recuperada por el kit mágico. Tenía una grave enfermedad, mi cuerpo estaba cerrado, por las noches las heridas de mis llagas se abrían y sangraban. Mi esposo me abandonó después de diez años a causa de esta enfermedad, así que acudí a ustedes, y al recibir el kit mágico me siento totalmente recuperada. Recuperé mi trabajo, mi fuerza, mi salud y hasta mi esposo. Es increíble”.
El tipo: “¿En cuántos días vio usted los cambios?”.
La mina: “En diez días”.
El tipo: “Sólo visitando el Club del Éxito Internacional usted ha podido superar sus males y está totalmente curada. Qué le diría a todos los hermanos que sufren, que se encontraba enferma pero que gracias al Topoderoso y al kit mágico usted está curada, qué le diría, qué le diría”.
Ella: “Que crean en Di-s y crean en ustedes que ustedes los van a ayudar y que lleven el kit mágico, como lo hice yo”.
Ahora ya está terminando el programa, lo agarré empezado, se ve que bordeando el fin. Bendice el tipo con paz, abundancia y prosperidad, etc. Y ahora AM 630, Radio Rivadavia. La misma que dos horas antes creo, o en algún momento del día, tiene un programa auspiciado por ESPN.
Y ahora viene mi favorito, así, enseguida, “llega a ustedes la Trilogía Indígena con su gran sabiduría y poder”, un chamán y una india que te enseñan cómo sobreponerte a las tragedias, las ruinas y los fracasos de la vida. Todo con sonido de jungla de fondo. Y un mono que de vez en vez chilla junto al elefante. El chamán se llama “Pepe Ramayá”. Se pronuncia “Ramaiá”.
Joder, debo seguir corrijiendo.

El chamán se llama a sí mismo “el gran chamán”. Dice venir de la selva amazónica, la pronuncia “Amachónica”. Dice: “Tengo todo grabado en computadora de indio. Cuál es computadora de indio? La cabeza”. Es un pelotudo importante.
“Por eso hermanito del alma no quiero que me venga a confundir. Aquí encontrará palabras cariñosas porque mucha gente me ha llegado llorando diciendo chamán fui a buscar ayuda a otro lugar y por ser pobre me discriminaron. Qué culpa tiene usted, mi hermanito del alma, u qué culpa tiene Di-s u qué culpa tiene el chamán. Y cómo combatimos la maldad. Trayendo la tierra de su casa, una prenda, la fotografía, loch animales que che le están muriendo, y se dará cuenta de que antes de tres lunas sus cultivos estarán renacidos. Porque el poder del indio, así como cortamos veneno de la serpiente, podemos ayudarlo. Quedan loch últimos puestos, sacrifíquese, eso sí. El pobre es pobre porque quiere, el méndigo es méndigo porque tiene la mente equivocada. Yo lavo mis pies, mis manos y digo gracias tata Di-s porque tengo esta garganta todos los días.
“Estos días entregaré los últimos puestos de la uña del camaleón, llame”, a tal número, “o si quiere llamar a la radio, llamar, dialogar, que yo enseñar poder de la mente y escuchar otro maravilloso secreto”.
Bueno, basta.
Llama Elena de Pergamino.
Vamos a ver qué mierda cuenta.
“Estoy muy bien gracias a ustedes. Yo llamaba para darle mi testimonio y mi agradecimiento.”
“Exacto, Elenita. Cuente usted. Cómo se siente el calor humano de la teología indígena en Pergamino.”
“Acá, bárbaro, bien todo bien, se va transmitiendo como una cadena, porque hay gente que cada día se recupera de sus problemas.”
“Esas palabras las escuchamos días pasados, de personas que daban su testimonio de agradecimiento de personas que sufrían y hoy están llenas de felicidad. Y así ustedes comprendieron, como esta mujer de Pergamino, que decía chamán, voy a hacer una revista, quiero hablar con usted, y doña Elena habló, la bendición para doña Elena. Así que usted, hermanito, no pierda esta oportunidad. Entonces usted puede llegar a la casa encantada, a la casa de la verdad. Escuchen el secreto de la uña del camaleón y de la pipora indígena. Vamos a una promo, 99 puestos quedan de la uña del camaleón, en la calle Lavalle”, tanto.
Promoción:
“La uña del camaleón y la pipora indígena. Los secretos milenarios de la selva amazónica. La uña del camaleón es poseedora de poderosísimos secretos para combatir la maldad. Además de 33 facultades de la salud (y no sé que carajo dice). La uña del camaleón, este conocimiento mundial, la virtud que tiene el camaleón de cambiar de color para protegerse del mal, eso mismo ha sido potenciado para usted, tenta la uña del camaleón. En sus uñas están concentrados todo su poder y secretos. Contra brujerías. Tenga en cuenta que el camaleón domina sus territorios y por lo tanto es el verdadero rey de la selva. Entonces usted puede ser un triunfador de la vida. No es talismán, no es budú, es el auténtico secreto indígena.” Y suena de fondo musiquita.
Bueno, basta, joder. Me estoy enfermando.

Radiofrecuencia (p)

April 22, 2006

Oh, es la muerte del código de barras.

Preguntas (p)

April 21, 2006

Usualmente los blogs sirven para alimentar el ombliguismo, la soberbia masturbatoria, creyendo el bloguero que escribe bonito y sobre todo inteligente. O bien es útil para relatar las manías frívolas del clasemediero o del rico al soberano pedo. Quisiera que no piensen que soy algo de todo aquello, pero la verdad me tiene sin cuidado. Y me pregunto, ¿hasta cuándo nadie va a alzar la voz para decir que la democracia liberal es un embuste? No desde el lugar del nacionalismo barato y extremista ni desde la izquierda cansada. Sino desde una petición de principios. No para que el proletariado tome el poder, ¿quién dijo que el proletariado es bueno y justo sin excepciones?, sino para replantear un modelo que ya fracasó en todas partes así digan muchos que mirá España, que mirá Inglaterra. ¿Hasta cuándo soportar la hipocresía? “Sos un pecador si fumás, si no consumís, si estás gordo, si sufragás por el inconformismo por el inconformismo mismo…” Mierda, me tiene harto la televisión, el periodismo, la democracia, la política, hasta el mundial me tiene harto. La National G. te vende un evangelio pedorro y lo peor, ¡se paga por el sistema de cable, se paga para ver tv! Un candidato de la patagonia a presidente pone a un testaferro con consultora de comunicación para perseguir periodistas y seducirlos con algo que no son palabras. Los subsidios, los subsidios imagino que no solamente en la Argentina, están a la orden del día para las empresas que sí pueden protestar y quejarse. Y los tecnócratas, mientras tanto, aquellos que manejan desde el marketing hasta la ingeniería electrónica sólo preocupan por reducir costos, sobre todo los vinculados con los recursos humanos.
En EE.UU y Europa (y es un ejemplo) dicen que se está imponiendo el sistema de radiofrecuencia en lugar del código de barras. ¿Qué permite eso? Muy fácil. Que vos por caso vayas a un supermercado y cuando agarrás una lata de atún la pases vos mismo por un tag o lector de radiofrecuencia que ya te diga el precio. De ese modo, el cajero del supermercado reduce su actividad a simplemente cobrar la mercadería sin hacer las cuentas, así de sencillo. Menos trabajo, menos sueldo, menos empleados. Y todo dentro de regímenes demócrata liberales. En algún momento voy a citar un libro de un canadiense donde dice con pelos y señales cómo esto del matrimonio entre democracia y liberalismo es un matrimonio desavenido, donde la misma democracia es un subsistema del gran sistema, el mercado. También voy a citar a otro tipo que dice algo muy interesante. Que la democracia, sobre todo la parte que tiene que ver con la voz “pueblo”, siempre fue entendida según las conveniencias del momento. Verbigracia, en Grecia los esclavos no eran pueblo. Verbigracia, en Latinoamérica el pueblo es el incluido social; los demás, instrumentos pagables para sostener el orden, o de lo contrario censurables o reprimibles, ya sea por la fuerza o el hambre y la carencia educativa.
No sé verdaderamente dónde está el milagro de la democracia liberal. Me pueden contrastar la democracia liberal con otros sistemas donde hubo un hitler o un stalin, pero no jodamos, esa comparación es tramposa, es impedir que pensemos más allá, que nos planteemos otro modelo, otra forma de coexistir. ¿Se puede pensar?, me pregunto. ¿Podríamos llegar a pensar algo? Algo tan imperfecto como el mundo, pero que tienda a ser menos hipócrita, menos mentiroso. Cago, me baño y escucho en la radio periodistas que parecen mear agua bendita. Cago, me baño y observo a políticos que se creen tan prolijos como sus bigotes. Cago, me baño y ahí están los nacionalistas creyéndose dueños de la fe, la tradición y la moral, y como contrapartida a la izquierda cansada y funcional, sin capacidad para cambiar siquiera el desorden de mi habitación. Puedo también volverme contemplativo y decirme esta vida es una ilusión o un paso necesario para acceder al más allá, pero sucede que mientras tanto aquí estoy y estarán muchos y no es cuestión de cerrar la boca y tragarse toda esta mierda maloliente sin cacarear al menos un poco. Claro que con cacarear no basta.

Diálogos con el taxista (p)

February 22, 2006

No es que tenga ganas de gastar de más porque el dinero no me sobra. Pero me gusta tomarme un taxi cada 15 días. Lo necesito. Y no espero a que me hable el chofer. Debo ser un pasajero insoportable, busco temas de conversación hasta dar en la tecla. Les aseguro que es un noble ejercicio. No hay detrás ningún prurito del ego (para eso está el texto de abajo, del que todavía espero alguna crítica: necesito saber qué le falta, qué le sobra, qué no cueja; si sirve o no, bah).
Dije cómo llegar a mi casa, incluso le ofrecí al taxista un atajo. Él se confundió, debió dar unas vueltas de más, joven, de gorra de beisbol, agradable. Temas de los que hablamos.
En primer lugar, de los Rolling. ¿Es pecado decirles que los detesto? Tocan ahora mismo en el estadio de River. No dije que los detesto, no se lo dije al taxista. Él se preguntaba para qué seguían tocando, solito lo dijo, sin mi ayuda. Están viejos, dijo. Tienen dinero, tanto dinero, dijo, que no pueden gastarlo. Yo me anoté en la cabeza, buena reflexión. Me preguntó qué pensaba. Al principio traté de ser ameno, en una de ésas el mocoso simpatizaba con esos viejos de mierda. Vinieron a la Argentina a ganar poco dinero en comparación con la que sacaron, sin ir más lejos, en Brasil. De ahí salió por un rato el tema Maradona. Lo saqué yo. Leí el domingo en el diario el testimonio de la chica que atropelló el diez, la chica ésa con el novio. El diez, decía el diario, dije, estaba puteando por la camioneta. La chica le tuvo miedo. Volví luego a los Rolling, el taxista se confundía, acaba de confundirse y me pedía consejo. Doblá no más termina la plaza, decía yo. Y dije de los Rolling otras mentiras, que era muy meritorio que gente de edad todavía pudiese seguir tocando. Entonces el taxista otra vez saltó solo, mirandomé por el retrovisor. Es fácil llegar a viejos con guita, esos hijos de puta están llenos de merca, pero con guita todo es posible. Una vez leí, siguió, que Mick Jagger (¿así se escribe?) un día al año se cambia toda la sangre. Hijo de puta, así sí uno se puede drogar y seguir de joda hasta los ochenta. Sí, le contesté emocionado. ¿Pero por qué siguen tocando?, volvió a preguntarme. Porque están enfermos, le despaché al fin, se creen dios, en Río metieron casi dos millones de personas, eso los alimenta, les da para seguir. Hijos de puta, dijo el taxista. La semana pasada, siguió, subí a un gallego con dos putas. Salía del puterío ése de Recoleta, Shampoo (¿así se escribe?). Y me dijo, dijo el taxista, llévame a lo de Julio, y yo le digo, dijo el taxista, yo le digo ¿dónde queda lo de Julio? y él me dice anda, chaval, llévame, que tú lo conoces, repuesto el gallego, me dijo. Entonces las putas, continuó el taxista, me dijeron que iban a tal calle, que iban en busca de merca, y yo los llevo, me dijo, y cuando suben estaban con una piedra aaaaasssssí, me dijo, me llenaron de merca el asiento y yo diciendolés hijos de puta, si aparece la policía yo no tengo nada que ver. Después hablamos de otros temas, del mundo del espectáculo más precisamente, o mejor, con más puntería, del televisivo. Pero para no pecar de localismos, lo dejo ahí. Si el tiempo les sobra, lean lo de abajo y golpéenme.

Desentumeciendo dedos (p)

January 24, 2006

Mierda. Cómo conocí la maldad. Lo conté muchas veces a psicólogos y familiares, pero me doy cuenta de que jamás lo hice por escrito. Me atajo antes que nada: mi descubrimiento fue el pobre que puede tener un chico que no pasó necesidades. Estoy seguro, y conozco casos muy cercanos, que hay personas que cargan con la desgracia de haber conocido a la maldad incluso antes de conocerla. Pero voy a los hechos. Cómo la conocí.
Como años después me gustarían John Baker y Poncharello, a los cinco años mis favoritos eran Batman y Robin. Y padecía ya de esas bromas tontas y personales que irrumpen -o por lo menos a mí me irrumpieron- a esa edad. Me refiero a deformar levemente la realidad, que siempre resulta una estupidez, más aún si se trata de un mero juego de palabras. Hay quienes dicen, dicho sea al pasar, que esa etapa es un ensayo de la inmadurez que uno después experimenta en la adolescencia.
Estaba en el preescolar y tenía un par de amigos, nada más. Augusto, que una vez me invitó a su casa a comer arroz con azafrán y pollo, e Ignacio.
Con Ignacio jugábamos a Batman y Robin. El juego no era muy ingenioso. Uno hacía de Batman, el otro de Robin, y decíamos, trepados a unos caños del arenero, “Vamos, Batman”, “Vamos, Robin”, y nos tirábamos por los batitubos. Yo era Robin, claro. Y la débil deformación de la realidad versaba en que no lo llamábamos al juego “Batman y Robin” sino “Batman Caca Batman”. Venía de la canción, no sé si recuerdan, “Batmaaaan, Batmaaaan, Batmaaaan, Batmaaan, Batmaaaan”, intercalando el caca de vez en vez.
Había un matón, como en cualquier grupo. Se llamaba Pablo y todavía hoy que lo recuerdo me da rabia. Tenía más amigos, hablaba con las nenas, cosa que yo no, participaba en la salita. Le dije a Ignacio una de esas mañanas, todavía con el sabor dulce del pocillo de café pero con leche tibia que mamá me preparaba antes del jardín, nostálgico por ese sabor que luego me remitía a la idea de haber perdido a mi madre hasta no volverla a ver, le dije en clase “Después jugamos a Batman Caca Batman”, y Di-s sólo sabrá por qué Pablo saltó y me anticipó lo que me ocurriría. “Ya vas a ver”, me dijo. Desde hace muchos años me digo que él jugaría a lo mismo, que él sería Batman y que, en consecuencia, se habría ofendido. Lo cierto es que lo desconozco.
Había otro amigo, aunque más medio que amigo entero. Emilio. Le faltaban los incisivos. Según decía, porque se había golpeado contra una puerta, en su casa. Menos Augusto, Ignacio y Emilio, los demás varones de la sala me esperaron en el patio. Pablo me tomó de los pelos y la cabeza. Otros, no recuerdo quiénes, de las piernas y los brazos, y hasta el arenero no se detuvieron. Allí me llenaron la cara de arena. Y cuando digo cara me refiero a los ojos, la nariz y la boca. Cuando vieron que mi reacción era nula, que ni siquiera era capaz de llorar, recién ahí me soltaron. Y tuve todavía tiempo de ponerme de pie y limpiarme el guardapolvo y sólo fue la arena en los ojos la que me hizo al fin llorar.
No entendía razones, y ni siquiera esa que me doy desde hace años ahora mismo me conforma. La maestra se llamaba Marta. Se pintaba los párpados de un celeste platinado y llevaba las pestañas con mucho rímel. Yo no sabía que era rímel, claro. Entre hipos y ahogos la busqué, le dije lo que me habían hecho, debí repetírselo porque ella, lo recuerdo muy bien, me preguntó si estaba resfriado, cosa que, por más cinco años que tuviera, me sonaba a burla. Entonces llegó la respuesta, fatal -según mi padre, sabia-. “Defendete”, me dijo. Pedía que me defendiera de Pablo y sus alcahuetes. No entendía que lo que yo necesitaba en ese momento era apenas una promesa falaz, un decir “No te preocupes, que yo los voy a retar”, así luego nada ocurriese. Ella era la justicia, la verdad, la vicaria de lo bueno, y todo, con ella, se me hizo trizas. Desde entonces no creo en la autoridad, en eso de los hábitos que en absoluto hacen a los monjes. Desde entonces supe cuál era el metro patrón de las cosas. Luego, abundó la angustia.

Decía ayer mi nuevo amigo del barrio (p)

January 23, 2006

-Pensaba si ir o no ir a la villa, fui. Y le dije al tipo dame dos gramos de sufrimiento. ¿Qué?, me preguntó. Lo que escuchaste, le dije. Sonará horrible, pero es sincero, real. -Y a mí, que lo escuchaba sin saber cuándo me soltaría, si debería entregarle la billetera u otra palmadita en la espalda-: Yo sé lo que es manejar un Mercedes 1114 bajo la lluvia, por un pasillo, en la villa. Yo sé lo que es.

Hechos (para no olvidar)
a) El tipo se llama P.
b) Comenzó con cocaína a los 17.
c) “Un tulipán” (yo). “¿No viene con muñecas inflables?” (él).
d) A los 17 también le daba al porro. Después lo dejó.
e) Viajó a México. Estuvo en Sonora. Dice que almorzaba peyote. Dice que en Sonora unos narcos lo invitaron a su rancho de chapa y le convidaron panes.
f) Estuvo después en México.
g) La madre es mala. El padre, un viejo. Sus 5 hermanos, profesionales.
h) “Una vez estaba perdido, a la vuelta de la casa de mis viejos. Un amigo se mató en una moto. Pasó la madre y el hermano de mi amigo en auto. Me subieron. ¿A dónde vamos? A Entre Ríos. Fueron tres meses sin merca. Tres meses y una novia y con ganas de hacer un criadero de chanchos. Volví y me anoté para la marina mercante. Mi viejo me prestó un dinero. Estaba ahí, sin la magia de la merca, listo para todo eso. Pero me ofrecieron pasta base. Mandé todo a la mierda.
i) Kiosco. Toma vino blanco en una botellita de Sprite. “Me quiero quitar las dos líneas de merca que tengo encima. Soy una basura”, me dice.
j) Tres veces lo cuetearon en la villa, “andaba con merca, unos pibitos me querían sacar la merca”.
k) “Mi hermana la de Olivos es una turra. Me dijo por qué no vas a la guardia del Vicente López y dormís ahí. Ahí trabajó mi hermana, le hice caso. Fui. Me hicieron en HIV, todo, estaba diez puntos. Pero pasó un día, dos, tres. Hasta que dos enfermeros que eran como gorilas me dijeron Ud. es -el apellido no es real- Alvarado? Sí. Venís con nostros, qué pasa con vos Alvarado? Tenía un pasillo y camillas a uno y otro lado. Salté por las camillas, me llevé puestos sueros, yesos. Al salir a la calle un Renault 12 me dio en esta pierna. No sé cómo, pero me levanté y seguí. Y después mi hermana mandó a la séptima al hotel donde estoy. Me mandaron al Borda, ahí estuve. Entre tipos cagados encima. Entonces vino un médico un día y me dijo vos no estás para esto, vos tenés que tratarte por la merca pero no estás loco, andate.”
l) Miedos. “Que mi viejo se muera. Él me dijo que lo voy a matar. Que me recupere pero en el medio se muera igual. Que me recupere del todo y entonces él diga bueno, ahora me puedo morir tranquilo y me muero. Que se muera, bah.”
m) Infierno. “En la calle Curapaligüe está el infierno. Vos entrás y está el infierno.”